Evidentemente la crisis económica mundial que se disparó en 2008 profundizó y dio "visibilidad" a la crisis laboral que sufren muchas personas por el simple hecho de haber nacido hace 45 años o más. En Diagonal creció la demanda de gente sin trabajo de manera notable, sobre todo en las personas mayores de 55 años. Pero como todo en la vida tiene su "otra cara", al mismo tiempo que se profundizaba la crisis, las pymes (en su mayoría) y en menor grado las grandes empresas, comenzaron a contactarse con Diagonal para ofrecer trabajo a los mayores de 45. De hecho, sobre una encuesta de 400 personas desempleadas que pasaron por Diagonal en 2008, el 61% consiguió trabajo en menos de 6 meses, dato éste muy alentador teniendo en cuenta la coyuntura nacional e internacional.
Existe una frase popular que dice "mal de muchos, consuelo de tontos". Desde Diagonal queremos darle otro sentido y valor a esta frase ya que, lo que se vive acá, es completamente diferente.
Una de las características que presenta el desempleo, sobre todo en los hombres, es que se vive de una manera bastante aislada, en donde quién pierde su trabajo muchas veces tiende a aislarse y alejarse de su círculo primario. Y uno de los tantos pensamientos que empiezan a surgir en la mente del desempleado es; "seguramente a mi solo me pasa esto" o "seguramente todo el mundo tenga trabajo menos yo" o "por qué sólo a mi me tienen que suceder estas desgracias", etc... El pensarnos así influye mucho en nuestro estado anímico y emocional, llevándonos a estar cada día más bajoneados, angustiados, con bronca, con miedo y con pocas ganas de salir a buscar un nuevo trabajo.
Si las personas fuéramos conscientes de que en la vida somos responsables de lo que nos pasa y de que cada "acción" genera su "reacción", viviríamos mucho más conscientes (despiertos) y atentos a las cosas que hacemos o dejamos de hacer. Si lográramos vivir despiertos, estoy seguro de que el mundo sería muy distinto ("el mundo es la exteriorización del nivel de conciencia de la humanidad"). Viviríamos pendientes de las necesidades del prójimo y sólo haríamos a los demás lo que a nosotros nos gustaría que nos hagan.
Siguiendo con este mundo "ideal", y metiéndonos más de lleno en el tema laboral, las personas responsables de los Recursos Humanos de las compañías, serían personas idóneas y preparadas para ocupar semejante rol de poder (el poder de decidir sobre la vida de las personas), serían personas humildes y con un corazón abierto a escuchar y acompañar a las personas en su ámbito laboral y tendrían la capacidad de generar empatía (ponerse en el lugar del otro) lo que generaría que sean consecuentes y coherentes con lo que dicen y lo que hacen.
Lo que sigue es el testimonio de una mujer de 47 años, profesional “exitosa”, esposa de un “desempleado” de 52 años con muchísima experiencia profesional. Su testimonio representa lo que miles de personas sienten, experimentan y atraviesan cuando se pierde el empleo. Ojala sirva para que todos empecemos a abrir los ojos y comprender un poquito más lo que implica quedarse sin trabajo después de los 45/50 años de edad.
“El trabajo que ustedes hacen es enorme, importantísimo. Ojala algún día tengan que ocuparse de otras cosas, que no haya una sola persona que tenga que recurrir a ustedes por este flagelo que es el desempleo.
Encontramos este artículo en la web y nos pareció muy interesante, queremos compartirlo con ustedes.
El mundo envejece con rapidez. Sin embargo, las empresas viven ajenas a este proceso, a esta transformación demográfica profunda.
Como consecuencia de la crisis económica y sus reducciones de plantilla, directivos y profesionales de Recursos Humanos han dejado de hablar de ”batalla por el talento” porque ahora hay disponibilidad amplia de profesionales.
La edad es una de las 6 categorías protegidas por la legislación europea de igualdad de oportunidades (junto al género, raza, orientación sexual, discapacidad y religión/creencia) y sin embargo es uno de los motivos de exclusión en aumento.
En “Demasiado viejos a los 35”, el diario El País difundía algunos anuncios de empleo (público para más delito) con exclusión de candidatos mayores de 35/40 años. Así que aquí estamos en 2009 prejubilando y discriminando por edad, cuando en tan sólo 10 años podemos vernos con dificultades para encontrar los profesionales necesarios.
Cuando hablamos de "exclusión social", por lo general tendemos a pensar en la gente que vive en la calle, en las villas, en los jóvenes que no tienen empleo, en las personas con ciertas discapacidades, etc. En Diagonal, hace varios años que venimos trabajando con una nueva "exclusión social" o "exlusión social invisible", que está representada por una franja de la población cada vez más grande y que incluye a las personas desempleadas que tienen entre 45 y 70 años, de clase media, muchos con una gran formación académica y experiencia laboral. Y decimos que es una "exclusión social invisible" porque por el momento no somos conscientes, como sociedad ni como Estado, de las dimensiones y consecuencias económicas y, sobre todo, sociales, emocionales y psicológicas que presenta esta población. Una de las razones por las cuales esta población pasa desapercibida, y no se la considera como "excluída", se debe a que físicamente no presenta ningún rasgo de exclusión ni marginación. Pero el "peligro" de este "aparentar" es, justamente, que el daño, sufrimiento y sus lógicas consecuencias transitan y transcurren dentro del individuo, sin muchas veces, a primera vista, presentar algún tipo de síntoma "visible".
Tengo 36 años de edad, y cuántos más años voy cumpliendo, más cuenta me doy de lo ignorante que soy. Recuerdo cuando era adolescente y pensaba que "me las sabía todas" y me llevaba el mundo por delante. Por fortuna, la vida me enseñó, y me sigue enseñando, a tomar conciencia de lo poco que sé y lo poco que conozco de esta vida.
Las personas que transitamos por esta vida buscamos algo que nos hace "común" a todos. Y ese "algo" que buscamos es ser felices y tener paz. Desde esa búsqueda todos somos iguales! Otra cosa que también tenemos en común la mayoría de las personas es que, lamentablemente, nos pasamos la vida buscando esa felicidad y esa paz en los lugares equivocados. Y así transitamos por la vida tratando de encontrar algo que cada vez se nos hace más difícil alcanzar.
En Diagonal, cada vez que empezamos un taller nuevo, invitamos a los participantes (personas desempleadas mayores de 45 años) a que se animen a ser ellos mismos, a que se animen a dejar de lado toda la programación mental y social que tenemos desde que nacemos y a que se conecten con lo que son, con lo que realmente los hace vibrar y apasiona en esta vida. Es emocionante ver y sentir como muchos se empiezan a soltar y se animan a mostrar tal cual son, dejando de lado las apariencias y las expectativas que la sociedad y el mundo tienen (y nosotros alimentamos!) sobre nosotros. Es emocionante ver y sentir como muchos, de a poquito, empiezan a conectarse con ellos mismos, con su interior, y con esa PAZ y FELICIDAD que está adentro de todos y cada uno de nosotros.
La fisica cuántica, tan de moda hoy en día, "descubrió" que todo lo que vemos en el mundo físico es Energía en movimiento. Lo que parece sólido no es más que energía vibrando en determinada frecuencia vibratoria que, cuanto más rápida, menos perceptible es para los sentidos físicos. De esto se desprende también que todo en la vida es transitorio, todo tiene un principio y un final. Nada es estático ni permanente. Lo podemos observar mucho en la Naturaleza y también, por supuesto, en la vida de las personas. Todos nacemos y todos morimos, todos estamos "de paso" por este mundo.
La cultura occidental, mayoritariamente, valora e idolatra la eterna juventud. Cuánto más envejecemos, más nos preocupamos (y obsesionamos!) por seguir pareciendo jóvenes. Pensamos que siendo (aparentando) eternamente jóvenes nunca llegaremos al final de la vida. Es dificil y complejo entender cuáles son los mecanismos conscientes e inconscientes que se juegan en esta negación a envejecer, lo que sí está claro es que es infantil pensar que nunca llegaremos a viejos y, por ende, al final de la vida. El aferrarnos a la "eterna juventud" es negar una de las verdades más absolutas que existen y es que todo, absolutamente todo, es transitorio. Así como nacemos, luego crecemos y después partimos.
En las culturas orientales, mayoritariamente, sucede lo contrario. Se valora mucho a la persona adulta, que, tras el paso de los años, va adquiriendo Sabiduría, Madurez, Experiencia y Humildad. No se busca ser "eternamente jóven" sino que se vive cada etapa de la vida con la misma conciencia, intensidad y gratitud.